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11:13:30 p.m. 

Cuando en la mañana del próximo domingo 4 los restos mortales de Fidel Castro sean inhumados en el cementerio de Santa Ifigenia, habrá una nueva y poderosa razón para considerarlo un altar de Cuba. 

Muy cerca del Héroe Nacional, José Martí, en el Mausoleo que perpetúa su memoria, el sitio de descanso eterno del Comandante en Jefe será otro imán para los cubanos y personas de otras latitudes interesados y motivados por las páginas de gloria de una revolución de casi siglo y medio. 

Inaugurado en 1868, justamente el año en que comenzaron las gestas por la independencia, fue el tercer camposanto en el país y cobró mayor notoriedad a partir de junio de 1951 con la inauguración del monumento al Apóstol. 

A lo largo del tiempo, tanto en el siglo XIX como en el XX, al igual que la urbe fue epicentro de hitos en los afanes independentistas de los cubanos y como capital de la antigua provincia de Oriente, su cementerio devino paisaje funerario que resume el devenir nacional.


El tesoro espiritual que guarda tiene entre sus más notables exponentes, además de la tumba de Martí, la de Carlos Manuel de Céspedes, iniciador de la guerra de 1868 y considerado el Padre de la Patria, junto a las de 30 generales de las campañas emancipadoras. 

 

Allí encontraron también reposo eterno Mariana Grajales, madre de los Maceo, esa noble estirpe; los jóvenes asaltantes al cuartel Moncada, la mayoría de ellos masacrados después de la acción comandada por Fidel el 26 de julio de 1953, y luchadores clandestinos como Frank y Josué País. 

A esos valores patrióticos se sumaron virtudes patrimoniales, escultóricas y arquitectónicas al punto de ser considerado un museo a cielo abierto y merecer desde 1979 la condición de Monumento Nacional. 


Desde el 30 de julio del 2007 una llama eterna, encendida por el presidente Raúl Castro en el área frontal de la necrópolis, añade fuerza simbólica al perenne tributo de los cubanos a los caídos en pos de la soberanía y la dignidad nacionales. 

La guardia permanente de honor comenzada el 19 de mayo del 2002 ante los restos de José Martí, en el aniversario 107 de su caída en combate, sumó solemnidad a la propia del ámbito funerario y motiva desde entonces la curiosidad y la admiración de quienes visitan Santa Ifigenia. 

 

Iniciado cada día con la salida del sol y finalizado con el ocaso, el rito transcurre con los acordes musicales de la Elegía a José Martí, compuesta por Almeida, y tiene su momento de mayor lucimiento durante el cambio de guardia que se ejecuta cada media hora. 

Con la participación de estudiantes de escuelas militares de diversas provincias cubanas, la guardia cobra connotación especial en fechas históricas relacionadas con el nacimiento y la muerte de Martí y otros hechos cruciales de la vida cubana. 

(Fuente: LD)